Pioneros en descubrir Tenerife: quiénes eran y qué exploraron

Las Islas Canarias, un archipiélago en mitad del Océano Atlántico y a una distancia de aproximadamente 100 kilómetros de la costa africana, protagonizan una historia de lo más singular en la que se entremezclan relatos de magia con realidad.

Ya desde el siglo I las “Islas Afortunadas’’ aparecían en ciertos mitos y leyendas griegas, tales como <<Bienaventuradas Islas>> de Platón o <<Campos Elíseos>> de Homero. 

Desde una perspectiva europea, las Islas cobraron especial importancia a partir del siglo XVIII, también llamado Siglo de Las Luces. Esta fue una época decisiva en la conformación de lo que hoy conocemos como cultura occidental, pues tuvo lugar el nacimiento del movimiento intelectual conocido como Ilustración, marcando la transición de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea. Especialmente Francia, Inglaterra y Alemania marcaron profundos cambios políticos, sociales, económicos, científicos y culturales, aún vigentes. La Revolución Francesa constituyó el inicio del progreso de la ciencia y del conocimiento racional.

                                    Con respecto a las relaciones internacionales, afloró la fórmula inglesa denominada equilibrio europeo, el instrumento político del imperialismo británico. Este nuevo modelo permitía a Inglaterra ‘’eliminar’’ rivales peligrosos en el continente surcando el océano y conquistando la supremacía del colonialismo.

                                    Mapa de Tenerife

                                    Así, el interés de las potencias europeas por conocer nuevos parajes, ampliar los conocimientos e impulsar la ciencia convirtió al archipiélago en un lugar perfecto para sus expediciones científicas y comerciales.

                                    Los primeros y cruciales científicos que llegaron a Canarias para realizar sus investigaciones son los siguientes:

                                    - Louis Feuillée, botánico y astrónomo de origen francés, se encargó de estudiar tanto la latitud de La Laguna y de Santa Cruz, de estrellas y planetas, así como la altitud del Pico del Teide. Sin embargo, también se interesó en las costumbres y en la historia natural. Sus investigaciones ayudaron, posteriormente, al matemático Jean Charles Borda a fijar con precisión la altura del Teide en 1776.

                                    - En ese mismo año, el médico Anderson definió el clima de Tenerife como una medicina para afecciones pulmonares. 

                                    - En 1792, numerosos científicos de la Embajada británica de Lord Macartney en China se trasladan a Tenerife. Sus expediciones le llevaron a tener ciertas discrepancias con los franceses, en especial con el geógrafo Malte Brun.

                                    - En 1796 comienza la expedición del capitán Nicolás Baudin. Junto a un gran equipo (el jardinero Riedlé, el zoólogo Maugé, el minerólogo Advenier y el experto en astronomía Pierre F. Bernbier, Baudin) se aventuró en una despiadada travesía hacia las islas:

                                    Poco ha faltado, mi querida Marie, para que esta carta estuviera fechada en el fondo del mar, si es que desde ese lugar se puede escribir. Entre Madeira y Canarias se desató un huracán, cuya violencia me sería imposible describir, que redujo nuestra nave a un extremo en estado lamentable.

                                    - En 1800 nacieron los relatos de Saint-Vicent, Milbert y Francois Peron, en los que describen los hábitos de las clases populares de la isla, datos geológicos, botánicos y sobre agricultura.

                                    Sin duda, el año que marcó un antes y un después en la historia de Canarias fue 1799, cuando Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, de camino a América, pasaron por la isla para realizar un estudio en profundidad sobre la geografía de Tenerife. 

                                    Estatua de Alexander von Humboldt en La Orotava, Tenerife
                                    Estatua de Alexander von Humboldt en La Orotava, Tenerife

                                    Años más tarde, las singularidades del archipiélago atrajeron a un sinfín de científicos que fueron a realizar sus propias expediciones. Pero cabe destacar la obra “Historia Natural de las Islas Canarias” de Webb y Berthelot, donde se recogen ilustraciones, grabados y descripciones botánicas, geográficas, económicas y humanas, así como asuntos etnográficos e históricos. Se trata de uno de los textos más relevantes sobre ciencia de la primera mitad del siglo XIX. 

                                    Asimismo, en la segunda mitad del siglo XIX, Darwin visitó Tenerife y comprobó rasgos similares entre el hombre de Cromagnon con los aborígenes canarios. Esto impulsó a más investigadores a realizar excavaciones arqueológicas en las islas.

                                    Definitivamente, los elementos que todos los viajeros que llegan a las islas destacan son el volcán del Teide y los árboles drago y Garoé, así como la vegetación insular y el clima. También, el misterio alrededor de los aborígenes, un pueblo cuyos restos arqueológicos han llamado la atención de todos ellos. Muchos se adentraron en cuevas como la de los Reyes del Valle de Güímar en busca de respuestas místicas.

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